Las elecciones internas del PRI: retos y consecuencias

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Por Álvaro López Azuara.

Oaxaca.- Para quienes creían que el PRI estaba muerto, las elecciones internas de ayer, domingo, nos mostraron que el muertito goza de cabal salud, pero también revelaron que, en Oaxaca, no tiene dirigencia estatal y, quienes están al frente, sólo lo ven como un gran negocio.

El PRI está en el 5º lugar de curules en la Cámara de Diputados federal, 3º en la de Senadores y en la votación para presidente de la república. Los resultados parecían predecir su fin.

Sin embargo, las elecciones internas pasadas revelaron algo totalmente diferente: que sí arrastra masas, aun fuera de periodos electorales. Pero también dieron a conocer que sus actuales liderazgos están totalmente rebasados.

Las cifras preliminares hablan de una participación de cerca de dos millones de militantes, quienes tienen credencial priista, para elegir a la nueva dirigencia. De entre las tres fórmulas contendientes, la de Alejandro Moreno Cárdenas, “Alito”, y Carolina Viggiano, tuvo alrededor del 84 % de los votos, lo demás se repartió entre Ivonne Ortega, 12 %, y Lorena Piñón, 2 %.

Esta ola que arrasó en las urnas instaladas en todos los estados del país hará muy difícil que Ivonne Ortega piense en acudir al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), porque no hay posibilidad de que sus inconformidades prosperen, por los porcentajes de votos obtenidos.

Así que el PRI estrena a un nuevo presidente y  secretaria general, que no la tendrán fácil en las próximas elecciones federales, ni en las locales que vienen, porque Morena está aceitando sus engranajes electorales y con muchos millones de pesos para acarreos, como se vio en el informe del senador Salomón Jara.

En Oaxaca, uno de los estados que más votos aportaron al triunfo de Alito, la asistencia de los priistas a las urnas se dio por el trabajo hormiga que hicieron los responsables electorales en cada uno de los municipios de la entidad, para acudir a los domicilios de los militantes inscritos en el padrón priista.

Eso habla que el PRI oaxaqueño reencontró el camino para comunicarse con sus seguidores. Una táctica nada nueva, sino elemental en las relaciones políticas, pero olvidada por las dirigencias tradicionales.

 El Comité Directivo Estatal

Quienes movieron a los priistas no fue la estructura del Comité Directivo Estatal (CDE) del PRI, de Jorge González Ilescas. Fue otra estructura electoral, donde están, entre otros, Alejandro Avilés, Marco Hernández Cuevas, Jorge Toledo, Germán Espinosa y Eviel Pérez Magaña.

Ellos se movieron con sus propios recursos, entre sus amigos y con sus redes electorales, mientras que Jorge González y su equipo de delegados se dedicaron a escamotear los recursos partidistas destinados a la movilización electoral.

La actuación “pichicatera” y ratonil de la estructura oficial del CDE del PRI quizá se deba a que González Ilescas siente que sus días en el partido están contados, porque su encargo oficial es totalmente ilegal, pues el comité directivo al que sustituye se le venció el plazo estatutario en abril de 2018.

Ulises Ruiz Ortiz

El gran derrotado a nivel nacional y en Oaxaca es el exgobernador Ulises Ruiz Ortiz (URO), quien jugó mal desde un principio y hasta el final.

Para empezar, dejó solo a su maestro y tutor, César Augusto Santiago, en el intento de crear un nuevo partido político y se dedicó a recorrer el país para armar una estructura electoral que le permitiera postularse a la dirigencia nacional, pero sin acercarse a los comités directivos estatales, ni a las dirigencias de los movimientos y organizaciones priistas.

Luego le encargó su coordinación política a Emilio Mendoza  Kaplan, quien en sus fobias y falta de tacto político se dedicó a alejar a los posibles aliados políticos de URO. En Oaxaca, ni siquiera intentaron el acercamiento con los actores a quienes creó, financió y creció Ulises, quienes se fueron de inmediato con Alito: Eviel Pérez, Héctor Pablo Ramírez Puga, Samuel Gurrión.

Esa falta de oficio político les impidió tener las firmas de militantes, organizaciones y movimientos que exigían los Estatutos para el registro de la candidatura, lo que llevó también a la sentencia contra URO en el TEPJF.

Para finalizar, la alianza con Ivonne Ortega lo deja totalmente fuera de cualquier acercamiento con el PRI, porque, primero, demostró la inexistencia de una estructura electoral (ni en su pueblo natal pudo obtener votos significativos) y, a partir de ahora, la excandidata buscará su tabla de salvación, pero ahí no cabe Ulises Ruiz, ni sus aliados políticos que le pesan y no le ayudan.

El reto de la nueva dirigencia

En Oaxaca, como en todos los estados, a la nueva dirigencia nacional del PRI le urge llevar cuadros capaces, con propuestas que convoquen a los militantes, con deseos de caminar por los polvorientos caminos y no tengan tacha alguna que los vinculen con la corrupción.

Priistas que entiendan a su gente y los motiven con la voluntad de ganar en las próximas elecciones y mantener la gubernatura en las filas de su partido. Al menos eso dice el gobernador Alejandro Murat que será su objetivo.

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